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PERIOSTITIS O SÍNDROME DE ESTRÉS MEDIAL DE LA TIBIA

ANATOMÍA

La tibia es un hueso largo de forma triangular situado en la parte anterior de la pierna, se articula con el fémur, peroné y astrágalo. En la parte de arriba o craneal, forma la meseta tibial donde se encuentran alojados los meniscos y se transmiten las fuerzas que van o vienen del fémur. En la parte de abajo o caudal, forma el maléolo interno que se articula con el astrágalo. La tibia se encuentra medial al peroné con el que se articula en sus extremos proximal y distal. Asimismo, entre ambos huesos existe una membrana fibrosa denominada “membrana interósea” que aporta estabilidad a ambas articulaciones.

¿QUÉ ES?

El síndrome de estrés tibial medial o periostitis es una de las lesiones más comunes en las piernas de deportistas. Produce un dolor localizado a lo largo de los dos tercios distales de la tibia medial posterior durante el ejercicio, con dolor en la palpación de la tibia. Es causada por la sobrecargada de la corteza ósea de la tibia, derivando en una inflamación de la membrana que recubre el hueso.

Esta tensión normalmente causa daños micro en el hueso, lo que conduce a procesos de adaptación del hueso para fortalecer el hueso para resistir la flexión tibial. Cuando esta zona ósea supera un cierto umbral y se sobrecarga, la actividad del osteoclasto puede superar la actividad del osteoblasto, lo que lleva a la osteopenia tibial local.

Muy frecuente en corredores que han realizado un exceso de ejercicio, han entrenado por superficies duras o con una biomecánica de carrera incorrecta.  Los errores comunes de entrenamiento incluyen un inicio reciente de aumento de la actividad, intensidad o duración. Correr en superficies duras o desiguales también es un factor de riesgo común. Las personas con lesiones previas en las extremidades inferiores y que corren más de 32 kilómetros por semana están especialmente predispuestas a lesiones por uso excesivo de las extremidades inferiores, incluido la periostitis. Ésta se encuentra con mayor frecuencia en los corredores y también en otros deportes balísticos, como el fútbol, el baloncesto, el fútbol y el baile.

La queja más común de los pacientes con periostitis es el dolor difuso de la extremidad inferior, a lo largo de la tibia distal media asociada con el esfuerzo. En el curso temprano de la periostitis, el dolor es peor al comienzo del ejercicio y disminuye gradualmente durante el entrenamiento y en unos minutos de cese del ejercicio. Sin embargo, a medida que la lesión avanza, el dolor se presenta con menos actividad y puede ocurrir en reposo.

FACTORES DE RIESGO

  • Aumento de la masa corporal: el sobrepeso aumenta la carga sobre nuestras piernas lo que aumenta la posibilidad de sufrir este tipo de lesiones
  • Aumento no progresivo de entrenamiento: el exceso de carga de entrenamiento en un cuerpo no adaptado para ello puede desencadenar dolores tibiales.
  • Pie plano: una mala biomecánica de pisada produce adaptaciones de otras zonas del cuerpo pudiendo afectar a la tibia.
  • Falta de rango de movimiento en el tobillo: el acortamiento muscular del tríceps sural (gemelos y sóleo) o falta de recorrido en el tobillo produce, una vez más, adaptaciones en la pisada.
  • Falta de rango de movimiento en la cadera: la falta de fuerza en el glúteo medio desencadena una rodilla en valgo y, como consecuencia, una pisada incorrecta.
  • Correr por superficies duras: cuanto más duro sea el terreno más impacto sufrirá nuestro cuerpo.

 

TRATAMIENTO

En fase aguda: se recomienda la aplicación de frío e interrumpir las actividades que conlleven impacto. La aplicación de frío tiene un efecto analgésico y reduce la inflamación sobre la zona. Lo más efectivo son 20 minutos de frío 2/3 veces al día con un intervalo entre ambas aplicaciones de mínimo 2 horas.

En fase subaguda: introducir ejercicios de bajo impacto como la natación o la elíptica y una baja intensidad de entrenamiento. Seguir con la aplicación de frío.

Finalmente, una vuelta al entrenamiento progresiva incorporando ejercicios para la ganancia de recorrido articular del tobillo y el fortalecimiento del glúteo medio. La flexión plantar, flexión dorsal, eversión e inversión deben tener un correcto rango de movimiento, además el estiramiento del tríceps sural puede ser beneficioso. Tener el glúteo medio fuerte hará que nuestra cadera sea más estable durante la marcha o la carrera. Una de las zonas menos trabajada y que provoca que se pierda en ocasiones la alineación de la cadera-rodilla-tobillo.

 

RECOMENDACIONES GENERALES

Bajar la carga de entrenamiento: a medida que remitan los síntomas,  aumentarla progresivamente. Intercalar salidas por asfalta a pistas de tierra o hierba.

Precaución con los masajes: la zona está muy sensible y puede aumentar el dolor.

Aplicación de hielo.

Búsqueda de un calzado adecuado.

Solución de problemas biomecánicos: como el pie plano o el exceso de pronación de tobillo.

¿Cómo se trata una periostitis con fisioterapia?

Lo primero es analizar la biomecánica de la pisada para recomendar fortalecer o relajar músculos específicos para evitar, por ejemplo, que la rodilla tenga un movimiento excesivo hacia interno.

La relajación de los músculos de la pierna puede ayudar a descansar el periostio de tracciones debido a que un músculo tenso tira más de su inserción.

Además, contamos con tecnología de Diatermia, basado en la utilización de corrientes eléctricas de alta frecuencia que no son perceptibles por el paciente. Aumentando el metabolismo y ayudando a una recuperación más temprana.

En Virginia Moreno Fisioterapia, en Segovia, tenemos las herramientas y conocimientos suficientes para tratar todo tipo de patologías deportivas o prevenir las lesiones que el deporte te pueda ocasionar. ¡Consúltanos tu caso!

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LUXACIÓN DE RÓTULA

La luxación de rótula es una de las lesiones más comunes de esta articulación (y con mayor incidencia en aquellas personas que practican deporte). Ello se debe a que la articulación sufre en exceso, pues soporta nuestro peso y nos permite desplazarnos de forma efectiva.

 

La rótula es un hueso con forma triangular que descansa en la parte anterior de la rodilla.

Cuando doblamos o estiramos la rodilla la rótula se desliza entre los huesos que forman la articulación (principalmente por el fémur). De modo que su luxación consiste en su desplazamiento por fuera del rail que sigue en un estado normal. Lo más habitual es que dicho desplazamiento sea hacia la parte externa de la rodilla.

 

Por lo general la rótula tiene una mayor tendencia a luxarse como consecuencia de un fuerte impacto, a esto se le llama luxación directa. En este tipo de luxación se ven afectados  los tejidos que se encargan de dar estabilidad a la rótula.

 

Por otra parte se puede dar una luxación de forma indirecta. Esto puede suceder cuando se realiza un giro brusco de la rodilla mientras el pie se mantiene en contacto con el suelo, como puede ser cambiar de dirección cuando estamos corriendo. En algunas ocasiones también sucede al extender de forma excesiva la rodilla.

 

Como consecuencia de una luxación de rótula nos encontramos con una gran inestabilidad articular en la articulación, la cual debe ser tratada para evitar recidivas.

 

En una fase aguda, tras la recolocación de la articulación deberemos realizar un tratamiento conservador con el objetivo de bajar el enrojecimiento, dolor, hinchazón y la aumentar la funcionalidad a través de reposo, hielo y elevación del miembro afectado.

 

Pasada esta fase aguda se continuará con el tratamiento anterior para controlar la inflamación, además de incluir en nuestro tratamiento ejercicios de movilización y potenciación muscular isométrica y vendajes funcionales o neuromusculares. También se podrá utilizar una férula que limite la movilidad de la rodilla (este punto dependerá del grado que alcance la lesión).

 

Cuando el estado de la articulación esté más estabilizado se podrá proceder a realizar ejercicios más intensos de potenciación, estiramientos de la musculatura y propiocepción además de continuar con las movilizaciones para seguir ganar rango de movimiento, si es que todavía no hemos alcanzado el rango máximo. Para que, pasado más o menos un mes o mes y medio, el paciente sea capaz de soportar su cuerpo y de realizar actividades diarias sin problema.

Si quieres saber más de ello o te sientes identificado ponte en contacto con nosotros.

¿Qué es la propiocepción?

Muchas veces escuchamos hablar sobre la propiocepción a nuestro fisioterapeuta, en medios de comunicación e incluso en internet. El problema es cuando toda la información que nos llega acerca de este tema no nos termina de quedar claro. Por ello vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre él.

La propiocepción es un sentido introceptivo de nuestro organismo, esto quiere decir que le informa de la posición de nuestro cuerpo; hace consciente al cerebro del estado y posición relativa de las distintas partes de nuestro cuerpo. Todo esto es posible gracias a los receptores sensitivos presentes en músculos, articulaciones y ligamentos que mandan la información al cerebro. En definitiva es la capacidad del cuerpo de detectar su movimiento y posición, nos permite realizar actividades diarias sin necesidad de pensar en cómo debemos realizarlas. Además juega un papel muy importante en movimientos que precisan coordinación extra, cómo pueden ser aquellos realizados en la actividad deportiva.

Cuando sufrimos alguna lesión articular además de que nuestros músculos, tendones, ligamentos e inclusos huesos se vean afectados los receptores sensoriales también se lesionan quedando nuestro sistema propioceptivo afectado, lo cual desemboca en un déficit de información lo que en un futuro puede hacer que seamos más propensos a recaer y volver a lesionarnos. Es por ello que es imprescindible prestar atención a su recuperación.

Para trabajar su rehabilitación hay ejercicios concretos pensados para ello, con los que mejoramos nuestra fuerza, coordinación, equilibrio, tiempos de reacción ante estímulos externos (como puede ser un empujón o caída) y recuperación de sensibilidad y estabilidad de la zona lesionada para así evitar futuros riesgos de recidiva.

Si después de una lesión recuperamos totalmente la funcionalidad y propiocepción de la zona conseguiremos que ante situaciones inesperadas, como la pérdida del equilibrio, nuestro cuerpo responda correctamente y en vez de volver a lesionarse nos ayude a adoptar una postura correcta y así evitar una caída o lesión.

En el ámbito deportivo la propiocepción juega un papel fundamental, debido a que los deportistas están sometidos a mayor estrés articular, mayores desequilibrios y  necesitan mayor coordinación. Por ello se les somete a entrenamientos propioceptivos más intensos y exigentes. Aun así no todos los deportistas reciben el mismo tipo de entrenamiento, pues ello depende de su práctica. Un jugador de baloncesto no realiza los mismos movimientos en la cancha que los que hace un futbolista sobre el terreno de juego o que hace un esquiador en la pista de esquí. Por ello a la hora de realizar un entrenamiento o recuperación propioceptiva es crucial adaptarlo a las necesidades de cada paciente.

La rehabilitación que ejercemos en Virginia Moreno Fisioterapia, entre otras cosas, va siempre de la mano con ejercicios propioceptivos que próximamente subiremos ejemplos de distintas patología para ayudaros.