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LUXACIÓN DE RÓTULA

La luxación de rótula es una de las lesiones más comunes de esta articulación (y con mayor incidencia en aquellas personas que practican deporte). Ello se debe a que la articulación sufre en exceso, pues soporta nuestro peso y nos permite desplazarnos de forma efectiva.

 

La rótula es un hueso con forma triangular que descansa en la parte anterior de la rodilla.

Cuando doblamos o estiramos la rodilla la rótula se desliza entre los huesos que forman la articulación (principalmente por el fémur). De modo que su luxación consiste en su desplazamiento por fuera del rail que sigue en un estado normal. Lo más habitual es que dicho desplazamiento sea hacia la parte externa de la rodilla.

 

Por lo general la rótula tiene una mayor tendencia a luxarse como consecuencia de un fuerte impacto, a esto se le llama luxación directa. En este tipo de luxación se ven afectados  los tejidos que se encargan de dar estabilidad a la rótula.

 

Por otra parte se puede dar una luxación de forma indirecta. Esto puede suceder cuando se realiza un giro brusco de la rodilla mientras el pie se mantiene en contacto con el suelo, como puede ser cambiar de dirección cuando estamos corriendo. En algunas ocasiones también sucede al extender de forma excesiva la rodilla.

 

Como consecuencia de una luxación de rótula nos encontramos con una gran inestabilidad articular en la articulación, la cual debe ser tratada para evitar recidivas.

 

En una fase aguda, tras la recolocación de la articulación deberemos realizar un tratamiento conservador con el objetivo de bajar el enrojecimiento, dolor, hinchazón y la aumentar la funcionalidad a través de reposo, hielo y elevación del miembro afectado.

 

Pasada esta fase aguda se continuará con el tratamiento anterior para controlar la inflamación, además de incluir en nuestro tratamiento ejercicios de movilización y potenciación muscular isométrica y vendajes funcionales o neuromusculares. También se podrá utilizar una férula que limite la movilidad de la rodilla (este punto dependerá del grado que alcance la lesión).

 

Cuando el estado de la articulación esté más estabilizado se podrá proceder a realizar ejercicios más intensos de potenciación, estiramientos de la musculatura y propiocepción además de continuar con las movilizaciones para seguir ganar rango de movimiento, si es que todavía no hemos alcanzado el rango máximo. Para que, pasado más o menos un mes o mes y medio, el paciente sea capaz de soportar su cuerpo y de realizar actividades diarias sin problema.

Si quieres saber más de ello o te sientes identificado ponte en contacto con nosotros.

¿Qué es la propiocepción?

Muchas veces escuchamos hablar sobre la propiocepción a nuestro fisioterapeuta, en medios de comunicación e incluso en internet. El problema es cuando toda la información que nos llega acerca de este tema no nos termina de quedar claro. Por ello vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre él.

La propiocepción es un sentido introceptivo de nuestro organismo, esto quiere decir que le informa de la posición de nuestro cuerpo; hace consciente al cerebro del estado y posición relativa de las distintas partes de nuestro cuerpo. Todo esto es posible gracias a los receptores sensitivos presentes en músculos, articulaciones y ligamentos que mandan la información al cerebro. En definitiva es la capacidad del cuerpo de detectar su movimiento y posición, nos permite realizar actividades diarias sin necesidad de pensar en cómo debemos realizarlas. Además juega un papel muy importante en movimientos que precisan coordinación extra, cómo pueden ser aquellos realizados en la actividad deportiva.

Cuando sufrimos alguna lesión articular además de que nuestros músculos, tendones, ligamentos e inclusos huesos se vean afectados los receptores sensoriales también se lesionan quedando nuestro sistema propioceptivo afectado, lo cual desemboca en un déficit de información lo que en un futuro puede hacer que seamos más propensos a recaer y volver a lesionarnos. Es por ello que es imprescindible prestar atención a su recuperación.

Para trabajar su rehabilitación hay ejercicios concretos pensados para ello, con los que mejoramos nuestra fuerza, coordinación, equilibrio, tiempos de reacción ante estímulos externos (como puede ser un empujón o caída) y recuperación de sensibilidad y estabilidad de la zona lesionada para así evitar futuros riesgos de recidiva.

Si después de una lesión recuperamos totalmente la funcionalidad y propiocepción de la zona conseguiremos que ante situaciones inesperadas, como la pérdida del equilibrio, nuestro cuerpo responda correctamente y en vez de volver a lesionarse nos ayude a adoptar una postura correcta y así evitar una caída o lesión.

En el ámbito deportivo la propiocepción juega un papel fundamental, debido a que los deportistas están sometidos a mayor estrés articular, mayores desequilibrios y  necesitan mayor coordinación. Por ello se les somete a entrenamientos propioceptivos más intensos y exigentes. Aun así no todos los deportistas reciben el mismo tipo de entrenamiento, pues ello depende de su práctica. Un jugador de baloncesto no realiza los mismos movimientos en la cancha que los que hace un futbolista sobre el terreno de juego o que hace un esquiador en la pista de esquí. Por ello a la hora de realizar un entrenamiento o recuperación propioceptiva es crucial adaptarlo a las necesidades de cada paciente.

La rehabilitación que ejercemos en Virginia Moreno Fisioterapia, entre otras cosas, va siempre de la mano con ejercicios propioceptivos que próximamente subiremos ejemplos de distintas patología para ayudaros.